miércoles, 28 de abril de 2010

COMENZO EL JUICIO A QUEBRACHO

HUBO DISTURBIOS EN COMODORO PY

El líder de la agrupación aseguró que "está seguro" de que va a ser condenado y criticó a los jueces por llevar un juicio "a puertas cerradas".

Las imágenes de la televisión mostraron a los manifestantes encapuchados y armados con palos.

"Son medidas preventivas", dijo Luis D'Elía.

Fernando Esteche, máximo dirigente del grupo piquetero "Quebracho" y otros trece integrante de la agrupación, comenzaron a ser juzgados este martes por el Tribunal Oral Federal 3 de la capital en juicio vedado al público y demorado varias horas a raíz de que tres de los imputados son menores de edad.

El proceso generó disturbios y caos vehicular a raíz de un centenar de militantes que llegaron a apoyar a los procesados en el barrio de Retiro.

El primero en declarar fue el líder del grupo, quien a pesar de que había amenazado con no asistir, llegó hasta los tribunales de Comodoro Py y ya prestó declaración.

Luego de Esteche declararon Raúl Lescano y Paulo Cerezuela y aún restan las declaraciones de los otros procesados.

Antes de entrar a declarar, Esteche -en libertad, pero con una condena previa de tres años en suspenso por portación de armas- dijo que "está seguro" de que iba a terminar condenado, tras criticar de antemano a los jueces Miguel Pons, Gerardo Larrambebere y Guillermo Gordo -integrantes del TOF3- que llevan adelante el juicio.

"La Argentina debería levantarse ante jueces que quieren hacer un juicio a puertas cerradas", dijo horas previas al inicio del debate.

Tras la primera jornada del juicio, Esteche aseguró que "se está violando la naturaleza del derecho, me están juzgado por quien soy.

Nosotros sabemos que venimos con una condena y sentencia que está firmada".

Tras resaltar los apoyos que recibió, advirtió que "si se condena a un compañero están criminalizando a una organización popular y van a tener una respuesta muy grande".

"A esta altura los únicos que amenazan y se cagaron en todas las garantías procesales es este tribunal", afirmó Esteche y dijo que "es perverso la intención de hacer un juicio a puertas cerradas los jueces que no se animan a juzgar a sus parientes y amigos".

También llegó hasta los tribunales el piquetero K Luis D'Elía, quien quiso dejar su impronta.

Allí se refirió a los jueces que tienen en sus manos el caso de los miembros de Quebracho por cuanto no procedieron así con acusados de crímenes de lesa humanidad.

Criticó a los jueces que "se han negado a juzgar a represores y hoy quieren juzgar a compañeros de Quebracho", lamentó.

"No vamos a hacer nada fuera de la ley pero van a lograr la unificación de los movimientos sociales", expresó el piquetero en declaraciones televisivas.

LOS HECHOS QUE SE JUZGAN.

El 5 de abril de 2007 el local del Movimiento Popular Neuquino, ubicado en Moreno y Salta de la Capital, fue incendiado por un grupo de manifestantes que repudiaban a Sobisch por haber ordenado despejar la ruta provincial 22, en ese momento cortada por los docentes que reclamaban por sus sueldos, lo que derivó en la muerte de Fuentealba.

Por el hecho el juez Ariel Lijo procesó a Esteche y a Raúl Lescano, Joaquín Isasi y Osvaldo Martín Lizzano, como organizadores de aquel ataque.

Les achacó los delitos de "violación de domicilio, daños agravado por venganza a la autoridad, atentado a la autoridad agravado e incendio". También fueron procesados María Gutiérrez, Rosalindo José Gutiérrez, Facundo Lafit, Juan Manuel Cornejo, Francisco Da Silva, Jeremías Hernán Ramírez, Paulo Cerezuela, Tomás Lafit y Matías Lafit.

La lista también incluye a un joven que entonces tenía 17 años.

Se ordenó que sea juzgado con el resto, en un proceso a puertas cerradas y sin audiencia.

El dictamen del fiscal federal Federico Delgado, que llevó adelante la instrucción, aclaró que los hechos investigados en esta causa "son bien diferentes" a "la protesta social" y consideró que durante la manifestación frente al local partidario del neuquino hubo "comportamientos reprimidos por el Código Penal".

"Nadie va a protestar llevando palos, piedras, gomeras, batesde acero, bombas caseras, encendiendo con fuego neumáticos y causando destrozos como si estuviese investido de una varitamágica que le permita juzgar y sancionar por mano propia", afirmó.


lunes, 29 de marzo de 2010

EL EJERCITO ARGENTINO Y LA PESADA MOCHILA DE LOS 70

En todas las agrupaciones políticas, especialmente en las que se consideran moderadas o de centro, se escuchan argumentos tales como:

"Hay que terminar con la humillación de las fuerzas armadas; tenemos que entender que las fuerzas armadas del presente no son las de la dictadura; las nuevas generaciones no tienen que llevar el estigma de las fuerzas de los 70, etc., etc.".

Por supuesto, todas estas voces, políticamente correctas, terminan aclarando que los juicios por violaciones a los derechos humanos tienen que continuar, con la finalidad de separar la paja del trigo, liberando de esta forma a los jóvenes militares de un pasado atroz.

Dejando de lado el análisis respecto a la validez o no de esta separación histórica entre militares de la dictadura y militares de la democracia, vamos a centrar nuestro estudio en determinar si resulta posible liberar a las jóvenes generaciones de la pesada mochila de los 70, mientras se mantiene la premisa de continuar los juicios a todos los que participaron en la guerra contra el terrorismo en aquella época.

Analicemos algunos hechos concretos.

Nos encontramos en Haití en el año 2005, donde un contingente de argentinos forma parte de las fuerzas de paz que operan en aquel país sacudido por la violencia.

En un operativo de rutina, las fuerzas argentinas reciben fuego de un grupo que opera en la localidad de Gonaives.

Un cuadro del Ejercito Argentino se encuentra en posición inmejorable para batir a los atacantes y salvar la vida de sus compañeros de armas.

El fusil apunta con decisión al blanco, pero el disparo no se produce.

Su inconsciente no le permitió oprimir la cola del disparador.

Superado el combate, un análisis de lo ocurrido permite llegar a una categórica reflexión.

El combatiente argentino no abrió el fuego por miedo a las consecuencias de su acción.

Si el mataba al enemigo, ¿quién se haría cargo de aquella muerte?

En aquellas horas, se comentaba en voz baja que el contingente brasileño había producido más de 80 bajas a distintos grupos insurgentes haitianos.

Los argentinos pensaban en su interior que de haber actuado como nuestros vecinos, seguramente hubieran perdido sus carreras y habrían tenido que afrontar la acción de la justicia.

En junio del año 2007 una noticia estremeció los cuarteles.

En Campo de Mayo, tres delincuentes roban armamento de un puesto de guardia.

Las autoridades castrenses no comprendían, o no querían comprender, el porqué de la inacción de los soldados argentinos.

Un prestigioso general, hablando con sus hombres arengaba:

"No tengan miedo a utilizar sus armas.

Yo personalmente me hare responsable de las consecuencias de su uso.

No podemos permitir que esto vuelva a ocurrir".

No hubo lugar a preguntas.

Sin embargo, al salir de aquella reunión, el comentario generalizado era el siguiente:

"Sí, el general se va a hacer responsable, pero, ¿quién aceptará las responsabilidades del general?

Si producimos un muerto o un herido, el general y todos nosotros vamos a terminar presos.

Si no miremos lo que les paso en los 70".

Voces más agudas corregían:

"a lo mejor hasta el general se salva, pero a nosotros no nos salva nadie.

Si los subtenientes de los 70 son juzgados con más severidad que los generales".

Las dos situaciones ponen de manifiesto un signo muy preocupante para quienes están realmente interesados en mejorar la situación de las fuerzas armadas del presente.

Los juicios indiscriminados y generalizados, sin distinción entre quienes impartieron y cumplimentaron órdenes, están generando un clima de escepticismo e indisciplina en las generaciones jóvenes que no favorece a ningún actor de la defensa nacional.

El terremoto en Chile puso de manifiesto la necesidad de que las Fuerzas Armadas del país trasandino salieran a la calle a mantener el orden.

No había tiempo de pensar si eran fuerzas de la democracia o de la dictadura.

Su presencia era necesaria dejando de lado los prejuicios ideológicos.

¿Qué hubiera pasado en Argentina?

¿Hubieran salido nuestros soldados a imponer el orden ante una situación de emergencia nacional?

¿O el inconsciente colectivo de las nuevas generaciones los llevaría a mirar a otro lado, como sucede muchas veces con las fuerzas policiales, cansadas de ser hostigadas por el garantismo ideológico?

Si la nueva dirigencia política quiere alivianar a las nuevas generaciones de la mochila del pasado, debe comprender la naturaleza de lo castrense, teniendo claro que en una situación de guerra o de emergencia nacional, el superior se hace cargo de las consecuencias de las órdenes que imparte.

De lo contrario, el político que necesite el accionar de sus fuerzas armadas, las encontrara como en el presente:

atomizadas, desmotivadas y sin confianza en sus mandos.

Con la lógica y natural ineficiencia que esto implica.

Y naturalmente, fuerzas armadas de estas características no le sirven a nadie, cualquiera sea la concepción ideológica de los gobernantes de turno.

Lic. Pedro Rafael Mercado
My (R) del Ejercito Argentino

viernes, 26 de marzo de 2010

SEGUN QUIEN LA ESCRIBE


En la historia de nuestro país
Y acudiendo a nuestra memoria,
La sangre de hermanos regó
El capítulo de una negra historia.

Y aquellos que pregonaban
Luchar por un país liberado,
Empezaron una larga serie
De planeados atentados.

Llevaba como una bandera
La Libertad, El Patriotismo,
Pero no decían la verdad
Lo de ellos era terrorismo.

Secuestros, torturas, chantaje,
Múltiple era su lista,
Políticos, civiles, Militares
Y una larga fila de sindicalistas.

Esto fue el caldo de cultivo
De golpes sangrientos, arteros
Que tenían nombres conocidos
Como el ERP o los Montoneros.


Hubo equívocos, errores
Muertes sin ningún sentido,
Y ahora pasado los años
Una pregunta ha surgido.

Como se juzga esa guerra
¿Por qué de ese enfrentamiento
A una sola de las partes
Le alcanza el escarmiento?

Si ahora les piden que juzguen
A aquellos que en una emboscada
Mataron a Ignacio Rucci
Y a Montoneros fue adjudicada.

Los verdaderos derechos humanos
Es dictar justicia verdadera,
Y pensar en todos los que murieron
Nacieron bajo una misma bandera.

Restañemos las viejas heridas
Que descansen los difuntos,
Y empecemos un nuevo camino
De la mano y cada vez más juntos.

Juan Pueblo


martes, 23 de marzo de 2010

RODILLAS NEGRAS

“…a mis acusadores les debe sorprender desagradablemente que yo siga pensando igual frente al mismo enemigo, a los mismos episodios que ellos produjeron y a los que ahora nos retrotraen.”

Luciano Benjamín Menéndez, General del Ejército Argentino
Podrán,
y seguramente lo harán, ya que él es el paradigma de lo que hay que destruir, pasearlo por cien circos presuntuosamente llamados “juicios”.


Podrán ponerlo cuantas veces quieran a merced de payasos togados que creen que están haciendo historia y a los cuales el miedo o el interés, como en todos los casos precedentes, les ha hecho aceptar una condena escrita de antemano.

Podrán los falsarios a quienes derrotó pedir su cabeza o tratarán de infamarlo, pluma de serviles mediante, inventando historias y repitiendo agravios para terminar como siempre en el insulto soez, prueba lapidaria de la derrota que nuevamente han recibido, seres minúsculos al fin, de un General del Ejército Argentino.

No importa cuántos generales tuvieron mando o actuación política durante el proceso, no importa cuántos están procesados, cuantos con prisión domiciliaria o quienes de ellos veranean sin contrición ni vergüenza en la costa o en las sierras.

Son pocos a los que hay que pegarles, a los que hay que mandarlos, más allá de enfermedades y edad, a los penales federales, porque en realidad lo que se pide es la cabeza de esos pocos.

Ese es el trofeo que desvela a quienes llevan adelante estos “juicios”, ese es el botín que pretenden los verdaderos autores intelectuales de tanta muerte y desaparición en tiempos idos.

Ellos, los jefes traidores que compraron su resuello con la vida de los “perejiles” que creyeron en ellos y que hoy no pueden soportar que un grupo de viejos, que ni se rajaron ni se acobardaron, les estén dando ejemplos de dignidad a diario.

Porque estos pocos, Generales del Ejército Argentino, no eran meros uniformes aferrados a un escritorio y a una alfombra.

Eran Soldados.

Pero es a la cabeza de él a la que apunta la perversa estrategia de destrucción que han diagramado aquellos que arrastran su pasado indigno de tránsfugas y mercaderes de vida y que solo pueden llevar a cabo con la complicidad de jueces prevaricadores, testigos falsos, una sociedad anestesiada e hipócrita y unos payasos disfrazados de generales “nuevos” a los cuales han comprado con monedas de cobre.

Porque el enemigo al que ellos deben batir es hoy lo que resta del Ejército Argentino, lo que queda de las Fuerzas Armadas.

Ese resto que hoy se sostiene en el ejemplo de todos los que por defender a la Patria penan su juramento en cárceles comunes, ejemplo que ha evitado hasta hoy que las Fuerzas Armadas se conviertan en una montonera de entecados morales incapaces de alzar sus armas ante una ofensa a la Patria.

Sólo esperan conseguir con esta seguidilla de bufonadas jurídicas un mínimo gesto de desánimo.

Eso quizás concretaría la destrucción pretendida.

Error, Luciano Benjamín Menéndez es un Soldado.

No un bufón al que se le untan malamente los calzoncillos si un desquiciado de mirada errática le ordena descolgar un cuadro.

José Luis Milia

lunes, 22 de marzo de 2010

ETICA, PRINCIPIO QUE MUCHOS PREFIEREN IGNORAR

BALKA... BANKITO.... DOMINGUEZ.... POZZI.... PRESIDENTES DE LAS COMISIONES.... y sus pares de las otras FFAA y FFSS solo por nombrar algunos.

La semana pasada, estando en el HMC, terminé increpando y muy enojado con dos oficiales retirados que actualmente cumplen funciones en esa dependencia.

Como no era la primera vez que me pasaba, me refiero al enojarme con personal retirado que cumple funciones en dependencias militares, mientras volvía para casa en mi bicicleta me puse a pensar por que me ocurría esto.

Ahora creo entenderlo.

Además de mi inestabilidad emocional derivada de la injusta situación que nos toca vivir, el problema radica en la FALTA DE ÉTICA.

Pero que es la ÉTICA según mi entender...????

La ÉTICA es lo que determina por ejemplo, que un Juez se excuse por ser parte en un proceso.

O que un profesor que debe formar parte de una mesa examinadora se excuse por tener algún tipo de vinculo con el examinado.

O que un profesional militar pida su pase a retiro cuando es sobrepasado por un subalterno.

Podría dar montones de otros ejemplos pero no lo creo necesario.

Hoy, lamentablemente, conducen nuestro país y en particular a nuestras Instituciones, quienes son nuestros enemigos desde por lo menos la década del 70.

Las FFAA y las FFSS como ya lo expresara en un documento anterior, constituyen Instituciones de la República altamente PROFESIONALIZADAS y SUBORDINADAS.

Somos soldados y como tal, cumplimos órdenes.

A partir de esta afirmación, lamentablemente, nos guste o no nos guste, quienes integran la Institución deben cumplir las disposiciones de quienes la conducen.

Tanto de sus Mandos como del Poder Político de turno.

Nuevamente mi reconocimiento y admiración a esos profesionales que en momentos tan difíciles y aun a disgusto continúan ejerciendo esta hermosa y tan particular profesión.

Pero bueno.... es el hombre y sus circunstancias.

La afirmación anterior cabe para la generalidad del personal militar y civil que actualmente presta servicios en las FFAA y FFSS.

Pero para el personal militar en actividad y retirado que prestó servicios durante la década del 70 las condiciones son claramente distintas.

Me parece, que como MÍNIMO, el personal militar en actividad y retirado que prestó servicios durante la década del 70, por ÉTICA, debería excusarse.

Debería dar un paso al costado.

Deberían tener pudor.

Un poco de vergüenza.

Fueron, fuimos protagonistas directos y no nos podemos desprender de eso.

¿Cómo subordinarse entonces a quienes combatimos durante nuestros años de servicio?

¿Cómo prestarnos mansamente a la ejecución de un Plan Sistemático para la destrucción de las FFAA, FFSS y demás Instituciones que conforman la República.

Por supuesto que la misma reflexión les cabe a los Montoneros, Jóvenes Idealistas que hoy sin el menor sentido de la ÉTICA conducen al País y sus Instituciones.

Para mí entonces, y como resultado de lo antes expresado, tanto el personal en actividad como el retirado que prestó servicios durante esos años y que hoy lo siguen haciendo, demuestran como MÍNIMO, una total falta de ÉTICA.


Juan Carlos Alsina
Cnl (R-PPP)

sábado, 13 de marzo de 2010

NUEVAS DENUNCIAS POR CORRUPCION

PREOCUPACIÓN EN EL GOBIERNO POR EL ESCÁNDALO EN LA DIRECCIÓN DE INTELIGENCIA DEL EJÉRCITO

Nuevas denuncias por corrupción contra el general Milani

La difusión por parte del Ejército de las listas del personal de la Jefatura de Inteligencia durante el último proceso militar generó en los últimos días reacciones de distinto tipo y hasta denuncias judiciales por falsedad ideológica y violación de secretos de Estado.

Según trascendió, varios grupos integrados por agentes y ex agentes de inteligencia, que se consideran gravemente perjudicados por la divulgación de la nómina, estarían movilizándose contra el actual Director de Inteligencia, General César Milani.

Éste es considerado, además, el candidato K para la sucesión del actual Jefe de Estado Mayor, General Luis Pozzi. Las numerosas enemistades que cosecha Milani también tendrían que ver con su estrecha colaboración con el selecto grupo de funcionarios de la Secretaría de Inteligencia, que le responde políticamente a Néstor Kirchner a través del Subsecretario de Inteligencia Francisco Larcher.

Asociados a Milani, trabajan Ricardo Pocino y Antonio Stiusso, respectivamente, Director de Reunión de Interior y Director General de Operaciones de la Secretaría de Inteligencia.

Más denuncias

Este clima enrarecido es que llegaron a n
uevas denuncias contra Milani, referidas a supuestas irregularidades económicas.

Por ejemplo, un documento señala que Orgafin S.A. (liquidada), Mejala S.A., en liquidación, y Plantautar S.A. son empresas administradas por Milani con fondos del Ejército y que le servirían para desarrollar sus negocios personales.

También refiere el documento que en el edificio de la calle Basualdo al 400, propiedad de Mejala S.A, se ubicaban los equipos informáticos de Milani.

Dicho inmueble, siempre según el documento, se habría vendido recientemente en U$S 300.000, cuando su valor real sería de U$S 1.500.000.

Sugestivamente, la compradora sería una empresa proveedora de la Dirección de Inteligencia del Ejército y ahora el inmueble estaría nuevamente en venta.

Pero en este caso, obviamente, a su valor real. Las nuevas acusaciones también involucran a Milani en la supuesta venta de una de las S.A. mencionadas a miembros de su familia.

En medios militares trascendió que las anteriores denuncias sobre supuestos actos de corrupción en la Dirección de Inteligencian determinarían que dentro de poco se inicie una investigación interna.


Alexis Di Capo

miércoles, 10 de marzo de 2010

OPERATIVO INDEPENDENCIA, LA OTRA CAMPANA

UN 9 DE FEBRERO SE INICIABA EL OPERATIVO INDEPENDENCIA

Hacen 35 años, el 9 de febrero de 1975, llegaban a Tucumán las tropas del Ejército para combatir la guerrilla.

Ese día, nos sorprendieron a todos los tucumanos cuando nos avisaron que la entonces Presidente María Estela Martínez de Perón, había ordenado a las FFAA “Aniquilar al enemigo”.

De pronto, y sin que nos diéramos cuenta, la provincia se tiñó de uniformes verdes y los helicópteros empezaron a sobrevolar.

Formalmente la guerra había comenzado.

Hay que volver a 1975 para poder comprender la algarabía de los tucumanos que espontáneamente celebraron la llegada del Ejército.

Pensar hoy que alguien festejara una guerra, sería absolutamente irracional, pero por eso es que a las cosas y a los hechos hay que verlos dentro del contexto en el que sucedieron.

Los tucumanos no teníamos paz, no sabíamos si dormíamos con el enemigo, si nuestro compañero de estudio podía estar investigando las rutinas de nuestras familias, si en la fábrica donde trabajábamos alguien nos estaba observando, si el auto que nos esperaba a la salida del colegio no iba a secuestrarnos.

Veíamos sombras por todos lados, se desconfiaba de todo y de todos. Hasta en las mejores familias hubo casos de “jóvenes idealistas” como les gusta denominarlos a algunos, que habían sufrido un lavado de cerebro o que se habían entusiasmado con la idea de un país socialista.

No sabían que nada los alejaría más de la libertad, de la familia, de la democracia.

Decenas de personas se habían infiltrado ya en la sociedad tucumana y sabían los movimientos de cada uno de nosotros, nadie estaba a salvo, pero no lo sabíamos.

Hasta que comenzaron los ataques irracionales, secuestros, asesinatos, bombas que explotaban aquí y allá y una sensación de inseguridad que nos hizo presos del pánico.

No sabíamos hasta dónde llegarían, por quiénes iban, si mañana nuestros padres, o nuestros hijos o el vecino del frente, serían víctima de algún atentado terrorista.

Decirles que vivimos una pesadilla es poco, creo que estábamos en el infierno.

Y quizás eso explique porqué miles de tucumanos hayamos dado la bienvenida al Ejército con aplausos y vítores, ellos venían a salvar nuestra Patria y a devolvernos la paz.

La Situación de entonces

La decisión del marxismo – leninismo de agredir a Argentina destruyendo sus Instituciones y la sociedad en su conjunto, tuvo orígenes diversos, conforme a las organizaciones políticas militares que se organizaron y operaron con el fin de “Conquistar el Estado para imponer un nuevo sistema político y social, “La Patria Socialista”.

En los años 60 fueron apareciendo distintas organizaciones como el Ejército Revolucionario del Pueblo, Ejército de Liberación Nacional y otras que en 1966 se integraron en el partido Revolucionario de los trabajadores (P.R.T.) y Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) quien en julio de 1970 declaró oficialmente la guerra contra el Estado y sus Instituciones, contra la sociedad civil y contra todo el que se opusiera a la Política Socialista.

Simultáneamente, se organizaron y empezaron a operar con actos de terrorismo y luego con lucha armada, la Organización Montoneros, cuya aparición oficial se produce con el secuestro y asesinato del General Pedro Eugenio Aramburu, el 29 de mayo del 70.

Inicialmente Montoneros operó en las grandes ciudades pero luego del “Golpe de Estado” de 1976, pasaron a la clandestinidad e intentaron abrir un frente de apoyo rural al ERP en Tucumán, ése primer intento fue un fracaso ya que allí murió uno de sus cabecillas, el Oficial Montonero “Julio Alzogaray”, hijo del Comandante en Jefe del mismo nombre.

Trágico.

Todo este clima de inseguridad impulsó al Gobierno ejercido por María Estela Martínez de Perón y por Italo Argentino Lúder, a dar una respuesta militar - a pesar del Estado de sitio vigente - primero en Tucumán (Operación Independencia) y luego en todo el territorio Nacional.

El Estado de sitio y el estado de guerra por sí solos, conforme lo señala la Constitución Nacional, conculcan los derechos individuales y hacen posibles los allanamientos, detención y procesamientos de personas bajo sospecha cierta de delinquieren cualquiera de sus formas y en especial aquellas relacionadas con el accionar subversivo.

La Guerra en Tucumán

La situación política social y económica que vivía la provincia en la que miles de trabajadores habían perdido sus empleos con el cierre de ingenios durante el gobierno de Onganía, más su naturaleza física con montañas y selvas subtropicales, posibilitaron desde el inicio mismo que los grupos guerrilleros se instalaran en las zonas rurales para desde allí ir conquistando las zonas urbanas que además quedaban muy cerca, teniendo en cuenta que Tucumán es la provincia más chica del país.

De ese modo los guerrilleros podían esconderse en el monte tucumano, estar al lado de las zonas rurales muchas de las cuales fueron tomadas por ellos y acceder fácilmente a los centros urbanos para proveerse de alimentos o estar en contacto con la sociedad que no sabía a ciencia cierta, diferenciarlos de un ciudadano común.

“La Operación Independencia” fue entonces la respuesta militar de un Gobierno Constitucional contra las bandas terroristas que ya operaban en masa en las zonas rurales pero que tenían fuerte apoyo logístico en San Miguel de Tucumán.

En Tucumán los actos de la guerra se vivieron y sufrieron con muchísima mayor intensidad que en el resto del país, pues como decimos, acá estaba el centro de operaciones.

En Tucumán ambos bandos, con los errores y horrores propios de todo conflicto armado, dirimieron con las armas y las más variadas tácticas y técnicas de combate de la guerra revolucionaria hasta lograr reestablecer el orden en la provincia y devolver la seguridad a los tucumanos.

Quienes ya en ésa época teníamos conciencia, vivimos de cerca el espanto Sin lugar a dudas que en esta guerra desatada con el único fin de recuperar la República, se cometieron errores, excesos y muertes injustas. Sucede, lamentablemente, en cualquier guerra.

Y de uno y otro bando quedan familias destruidas, dolores y pérdidas irremediables.

Montoneros, a diferencia del ERP, no utilizaba banderas ni uniformes identificatorios para una mejor mimetización con la población, lo que habían logrado casi a la perfección tanto cualitativa como cuantitativamente.

NO fue nada fácil vivir en Tucumán en esa época, donde cada noche el ulular de las sirenas, las bombas y los gritos, ponían los nervios de punta y parecía “que el alma quería salirse del cuerpo para escapar del infierno”

Fueron días y noches enteros de angustias, de no saber si volveríamos a las casas, si encontraríamos la muerte o alguna trampa a la vuelta de la esquina.

La ciudad entera estaba sitiada y todos, sin excepción, expuestos a ser víctimas de algún atentado terrorista.

Concretamente empezamos con los secuestros Ya habíamos sido sorprendidos por el secuestro del Coronel Larrabure, que si bien no vivía en Tucumán, hacía nacido en esta tierra.

Por lo tanto era nuestro comprovinciano y en una provincia chica, todos sus familiares eran muy conocidos.

Lo de Larrabure fue cruel, lo humillaron, lo torturaron, lo maltrataron, lo ultrajaron….. fueron matándolo de a pedacitos, sin embargo, después supimos: jamás se doblegó, nunca traicionó sus principios, en todo momento luchó con su mente para mantenerse vivo, para transmitir mensajes de paz, de perdón, de amor.

Larrabure, qué caballero!!! Dejó como legajo el ejemplo de hombre fuerte, de principios, de héroe, que su hijo supo transmitir y contar con tanta precisión que todos sufrimos minuto a minuto con él, que cada argentino no puede menos que sentirse orgulloso al conocer la manera en que ofreció esa tortura, que buscar la reconciliació n que tanto nos pidió.

Pero ya la sociedad se estremecía al conocer del calvario de Larrabure.

Ni que decirles la tarde en que intentaron secuestrar al industrial azucarero José María Paz, quién venía de Buenos Aires sorpresivamente – todo indica que fue entregado – y en el camino a su casa, una falsa patrulla de control interceptó al taxi en el que se trasladaba a su casa del Ingenio Concepción.

La familia Paz había convenido no pagar rescates para no colaborar con los guerrilleros y el ingeniero Paz, valientemente, se resistió hasta que lo dejaron por muerto.

Ese atentado conmocionó a los tucumanos, se trataba de una persona civil que nada tenía que ver con las FFAA ni con la política y que simplemente estaba al frente de una fábrica azucarera, quizás la más importante del noroeste.

Paz luchó con toda la garra que lo caracterizaba con sus jóvenes 42 años, pero finalmente murió, el 27 de agosto del 74.

Quienes por diversas razones estuvimos presentes en la Capilla del Ingenio, mientras se rezaba su responso, pudimos ver a casi 5000 trabajadores llorando acongojados, tomando conciencia de que en Tucumán se había acabado la paz y….qué coincidencia, se llevaba al fornido ingeniero José María Paz mientras su madre, su viuda, sus cinco hijos y sus hermanos lo despedían con la frente en alto y el orgullo de no haberse doblegado ante el enemigo.

Como si fuera poco, con la grandeza de quienes no sienten odio ni rencor y aceptan ese hecho injusto y miserable como la voluntad de Dios.

Doy mi palabra que mientras lo escribo e imagino la sirena del Ingenio que con toda su potencia en plena zafra le daba la última despedida, vuelven a llenárseme los ojos de lágrimas, recordando ese hecho y esa multitud acongojada.

Muy poco tiempo después, el 1º de diciembre de ese mismo año, el Capitán Viola llegaba un domingo caluroso, a almorzar a la casa de sus padres en pleno centro tucumano.

Iba orgulloso con su señora, María Cristina Picón, que lucía una espléndida panza de su 3º hija, llevando en el auto también a sus dos pequeñas, María Cristina y María Fernanda, de 3 y 5 años que jugueteaban en el asiento trasero, vestidas “de día domingo” y con las ilusiones propias de ésas dos chiquitas que pensaban que en unos días más llegaría el Niñito Dios.

María Cristina, Maby para todos, bajó a abrir el portón de la casa y para horror escuchó los estampidos….una patrulla se cruzó delante del auto del sorprendido Capitán Viola, y por la ventanilla los acribilló a balazos sin ninguna explicación, en el atentado más paradigmático de la crueldad con la que actuaban estos individuos.

La gente salió a la calle, los llantos retumbaban en el pavimento caliente del verano tucumano, Viola murió junto a su pequeña hija Cristinita, mientras Maby desesperada, aturdida, incrédula, sostenía su panza y corría a socorrer a María Fernanda quien estaba gravemente herida.

Pasaron meses de angustia hasta que ella recuperó su vista y empezó a normalizarse, ya entonces había nacido Luciana, quién nunca pudo conocer a su papá, ¿quién puede olvidar ese día trágico?,

¿qué explicación válida hay para acabar así con la vida de una chiquita y dejar a toda una familia destrozada?, fueron las cosas que a los tucumanos nos empezaron a hacer reaccionar, a hacer que nos unamos, que pidamos por favor y casi a los gritos que alguien viniera a cuidarnos.

Recién comenzaba enero cuando un grupo de militares que había venido a recorrer la zona en donde se haría el operativo independencia – cosa que supimos después puesto que se manejaba como secreto de Estado – cayó en Tafí del Valle, ¿cayó, lo bajaron?, nunca lo sabremos, lo que sí volvió a golpearnos la muerte y el espanto.

Allí perdieron la vida nada menos que 13 militares, entre ellos dos generales (Salgado y Muñoz), varios Coroneles, Capitanes, oficiales y un soldado.

Esto ya no podía ser.

El 9 de febrero llegaron sigilosamente las Fuerzas Militares

Y si ustedes logran imaginar todo lo que estábamos viviendo, podrán entonces ser capaces de comprender porqué fueron recibidos con vítores y honores por parte de la sociedad civil.

El primer comandante fue el General Adel Edgardo Vilas y luego se hizo cargo el General Antonio Domingo Bussi, hoy preso en Tucumán, a quien se le encomendó unificar mandatos y asumió simultáneamente como Comandante en Jefe de la V Brigada de Infantería y Gobernador de Tucumán.

Cada uno en su estilo hicieron historia en Tucumán y hoy, 35 años después son reconocidos y queridos por miles de tucumanos.

Cuando fueron cayendo los montoneros veteranos y reemplazando en sus filas `por jóvenes sin experiencia, comenzó a recobrarse la paz y a sentir que finalmente la guerra iba paulatinamente siendo reemplazada por acciones de gobierno, para lo cuál a Bussi se le reconocen dotes de gran organizador y capacidad de trabajo inusual.

Quienes lo quieren a Bussi y quienes no, coinciden todos en que Tucumán brillaba por su orden, su limpieza, su pulcritud.

Fue como sentir que se pasaba del infierno al cielo en el sentido que se había recobrado la paz y que otra vez se podía caminar tranquilo por las calles que encima estaban resplandecientes.

Claro que quedó gente herida y muchos interrogantes

Y podemos asegurar que nos compadecemos de todos ellos, de todos los que perdieron su hijo, su padre, su hermano, su amigo.

Nadie es quien para juzgar y de ambos lados quedaron un tendal de heridos, sin lugar a dudas.

Pero 32 años después no podemos permitir seguir mirando para atrás buscando culpas y culpables, porque hay que reconocer que Argentina estaba perdiendo el rumbo.

¿Qué hubieron violaciones a los derechos humanos, víctimas inocentes, gruesos errores? , estamos totalmente de acuerdo, pero repetimos hasta el cansancio que eso sucedió para ambos bandos.

No en vano el general Bussi que con sus 81 años y preso en el ex Arsenal pese a que le fue otorgado el arresto domiciliario que todavía nunca logró, ganó 9 de las 11 elecciones en las que se presentó.

Un fenómeno que la gente que estuvo lejos de Tucumán jamás entendió, pero si los 160.000 tucumanos que lo avalaron con su voto y que le permitieron ser Gobernador, diputado Nacional, legislador y hasta ganar las últimas elecciones a Intendente que jamás pudo ocupar porque unos días antes decidieron arrestarlo.

Si logró todo eso fue, en una provincia peronista por naturaleza, como premio a su manera de trabajar, por habernos devuelto la paz junto a su Ejército, porque supo ser un líder y movilizar a la gente.

Pero sin ánimo de juzgar las medidas de los jueces, estamos convencidos que acá algo no funciona bien.

Que no puede ser, no se entiende, que los militares que ya han sido juzgados o incluso amnistiados, vuelvan a ser juzgados otra vez, según la voluntad política del gobierno de turno.

No es posible

No es posible que mientras los hijos de los guerrilleros muertos hayan recibido cuantiosas indemnizaciones, los hijos de militares o civiles asesinados no hayan tenido la misma recompensa, por llamarle de algún modo ya que ningún dinero les devolverá a ninguno, sus seres queridos.

No es posible que mientras los generales y oficiales que restablecieron el orden y la República, cumpliendo órdenes de un gobierno constitucional estén presos, aún siendo mayores de 70 años (edad tope que establece la Constitución Nacional) y estando gravemente enfermos, psíquica y moralmente, aquellos que iniciaron la lucha desde la clandestinidad o desde dónde fuera, sean condecorados y premiados con altos cargos a nivel nacional, viajes en primera clase y consideraciones especiales.

No es posible argentinos que se siga buscando dividir, que el odio nuevamente haga estragos, que en Francia se diga que en Argentina hubo un segundo Holocausto y que nadie diga nada!!!

No es posible que mientras desde el Gobierno se homenajee a los muertos por la “represión” se castigue a aquellos que quieren rendir homenaje a sus muertos por la Patria, a los muertos por la subversión.

No es posible que los oficiales asciendan o no en sus grados, de acuerdo no a sus capacidades sino a si fueron parientes de alguien que actuó en la época de la guerrilla ni mucho menos que se suspenda o cesantee a un oficial que decidió ponerse el uniforme para ir a un acto, a un homenaje, pacíficamente organizado.

No es posible que no tengamos la grandeza para perdonar, sabemos que 35 años no son suficientes para olvidar a nuestros seres queridos, pero si deberían serlo para aprender a vivir en paz, buscando una Argentina que crezca y que se destaque como TODOS ESOS MUERTOS, DE UNO U OTRO LADO, HUBIESEN DESEADO.

Estamos convencidos que en Argentina hubo una guerra dura y cruel.

Sabemos, lo hemos vivido, que Tucumán fue el epicentro de la misma.

Conocemos lo que es el terror de las bombas, el ruido de los helicópteros sobrevolando, la angustia de no saber quien es tu amigo.

Los tucumanos hemos sido protagonistas, participes, al menos espectadores de este horror.

Por eso nos sentimos hoy, a 32 años del Operativo Independencia, con autoridad para decirles GRACIAS A TODOS AQUELLOS QUE LUCHARON POR DEVOLVERNOS LA PAZ y creemos que el mejor homenaje que podemos rendirles a quienes equivocadamente o no, lucharon por un ideal, así como al que cumpliendo órdenes dio su vida, es invitarlos a todos a darse un abrazo de reconciliación.

Luz Garcia Hamilton
Periodista
Licenciada en Comunicacion Social